La Costa del Sol hace años que dejó de ser simplemente uno de los grandes destinos turísticos de Europa para convertirse en un ecosistema capaz de atraer inversión internacional, talento global, proyectos empresariales y algunos de los desarrollos residenciales más ambiciosos del continente.

Sólo en el denominado Triángulo de Oro (Marbella-Benahavís-Estepona) se absorbe cada año un volumen de inversión que supera los 3.000 millones de euros. Esto, en un escenario en el que los datos muestran que el cliente actual es mucho más joven, vinculado al boom de las nuevas tecnologías, con un poder adquisitivo muy elevado y una mayor exigencia. Ya no busca la Costa del Sol como un mero lugar de retiro o vacaciones, como hace 15 años, sino como el lugar donde va a vivir.

De la misma manera, y comparativamente con el pasado, ya no se trata solo de construir metros ni de tener un clima extraordinario. Antes se buscaba clima, por descontado, pero el mercado ha cambiado totalmente. Ahora se busca estilo de vida, educación, sanidad, seguridad y servicios.

En este sentido, la presidenta de DEXTER, Yeidy Ramírez señala que “vemos incluso cada día en más promociones de lujo de las que financiamos cómo el paisajismo va de la mano de la arquitectura y la tecnología. La calidad de los proyectos, y de los propios promotores, se ha refinado extraordinariamente, y estamos verdaderamente satisfechos de lo abiertos que están éstos últimos al capital privado, y a usarlo tanto para comprar suelo y activos como a través del clásico préstamo promotor”.