En el mercado inmobiliario existen ubicaciones que mantienen su atractivo independientemente del ciclo económico. Los entornos vinculados a campos de golf forman parte de ese reducido grupo de activos que, año tras año, continúan generando interés entre compradores e inversores nacionales e internacionales.
Lejos de ser un producto dirigido exclusivamente a los aficionados a este deporte, las urbanizaciones situadas junto a campos de golf representan hoy un concepto de vida basado en la tranquilidad, la seguridad, la naturaleza y la calidad de los servicios. Precisamente por ello se han convertido en uno de los escenarios más atractivos para el desarrollo de nuevas promociones inmobiliarias, especialmente en la costa mediterránea.
Desde el Departamento Comercial de DEXTER, Bruno Asencio apunta que “la Costa del Sol, la Costa Blanca y parte de la costa murciana concentran algunos de los mejores complejos de golf de Europa. Su clima privilegiado, con más de 300 días de sol al año en muchos casos, permite disfrutar de estas instalaciones durante prácticamente todas las estaciones, un factor diferencial frente a otros mercados europeos, y ahí es donde entramos a la financiación de promociones en todo su desarrollo, especialmente en las fases más tempranas de los proyectos”.
Los campos de golf actúan como grandes pulmones verdes que aportan amplitud visual, privacidad y una baja densidad urbanística. Son elementos que incrementan el atractivo de las viviendas y contribuyen a preservar su valor a largo plazo. También ocurre en los archipiélagos, Baleares y Canarias.
Asencio abunda en que “estos complejos suelen incorporar servicios de alto nivel: seguridad privada, hoteles, restauración, spas, centros deportivos, zonas comerciales y espacios de ocio… todo ello genera auténticos destinos residenciales donde el comprador encuentra mucho más que una vivienda y nosotros nos sentimos verdaderamente confortables financiando al promotor”.
Claramente, los compradores finales (en muchos casos británicos, alemanes, neerlandeses, escandinavos, belgas o franceses) son del perfil que prioriza la calidad de la ubicación, el diseño, la eficiencia energética y la exclusividad, aspectos que permiten posicionar el producto en segmentos de mayor valor añadido: el resultado suele traducirse en una mayor absorción comercial, mejores niveles de rentabilidad y una inversión con sólidas proyecciones de futuro.




