Hay números que dejan escaso margen a la interpretación. La financiación inmobiliaria en España se encuentra en tal momento que el 70% de los inversores prevé aumentar su actividad. La tendencia no sólo ha cristalizado y está totalmente consolidada, sino que incrementa incluso su velocidad de crecimiento.

En efecto, España emerge como uno de los mercados más activos de Europa para la financiación inmobiliaria, con liquidez abundante y una competencia entre bancos y financiadores alternativos que al final trazan una ecuación de complementariedad. Esto, con el residencial, los hoteles y la logística copando el mayor interés.

Así se desprende del European Lender Intentions Survey de la consultora CBRE. La cifra confirma el apetito inversor y coloca a España entre los mercados inmobiliarios más dinámicos de Europa. Pero esa abundancia no significa barra libre: el capital se ha vuelto más selectivo y exige activos de calidad, ubicaciones consolidadas y promotores con solvencia contrastada.

Como señala el director del departamento de Análisis de Riesgos de DEXTER, José Enrique Chasserot, “estructurar adecuadamente la deuda es esencial para maximizar oportunidades y buscar soluciones a medida, y encontrarlas; el scoring del empresario es clave, pero también lo es el propio proyecto, en el que juega un factor y un rol preponderante la ubicación”.

El 80% de los financiadores activos en España está dispuesto a apoyar proyectos de promoción inmobiliaria, muy por encima de la media europea (69%). Este apetito por el riesgo constructor refleja la confianza en la demanda final, aunque los costes de construcción se han convertido en la segunda gran preocupación del sector, solo por detrás de la incertidumbre geopolítica y los tipos de interés.

El ‘living’ en sentido amplio -incluyendo residencias de estudiantes y fórmulas de ‘flex living’-gana peso, especialmente en ubicaciones prime de las grandes capitales españolas.