El acceso a la financiación promotora es uno de los elementos más determinantes para el éxito de cualquier proyecto inmobiliario. No hay duda. Aunque cada entidad financiera tiene sus propios criterios de análisis, existe una serie de factores que aumentan significativamente las posibilidades de que se apruebe una operación.

El primero de ellos es la experiencia del promotor. Qué duda cabe de que suma, y mucho, el que el empresario haya desarrollado proyectos similares con éxito, especialmente si ha cumplido los plazos previstos, ha gestionado correctamente los costes y ha demostrado capacidad para comercializar los activos. Un historial sólido transmite confianza y reduce la percepción de riesgo.

Otro aspecto fundamental es la aportación de recursos propios. Cuanto mayor sea el capital que el promotor invierte en la operación, mayor será el compromiso percibido por el financiador.

La viabilidad económica en sí también ocupa un lugar central en el análisis. Desde DEXTER, como apunta José Enrique Chasserot, director del departamento de Riesgos, “estudiamos con detalle el presupuesto de la promoción, el margen esperado, los costes de construcción, los plazos de ejecución y la sensibilidad del proyecto ante posibles desviaciones… un plan financiero bien elaborado y sustentado en hipótesis realistas genera credibilidad”.

A ello habría que sumar, para redondear la ecuación, la calidad del suelo y de la ubicación: los proyectos situados en zonas con una demanda consolidada, buenas comunicaciones y perspectivas de crecimiento ofrecen mayores garantías de comercialización.

Chasserot matiza que el nivel de preventas, “si bien es importante, no totalmente decisivo: las reservas demuestran que existe demanda real y reducen considerablemente el riesgo comercial de la operación, pero vamos a un nivel de exigencias antes de financiar mucho menos elevado, y mucho más cómodo para el cliente y asumible que el de la banca tradicional, siempre actuando con pulcritud y responsabilidad”, remata Chasserot.